Nos encontramos ante una realidad en la que el mundo del trabajo es cada vez más cambiante y está sometido a nuevos desafíos, en donde la innovación es cada vez mayor y el ritmo al que nos movemos parece estar sometido a un grado de aceleración superior que el que vivieron nuestros padres.

 

Este ritmo nos lleva a tener que gestionar el cambio, un cambio en el que cada vez es más habitual pasar de un trabajo a otro, cambiando de empresa y donde el paradigma de jubilarnos en la empresa donde comenzamos nuestra andadura laboral ha pasado a un segundo plano.

Algunos de esos cambios no son elegidos por nosotros, y es muy probable que en algún momento de tu vida pases por una situación de desempleo, una situación de tránsito entre el trabajo pasado y el nuevo trabajo en el que retomarás la actividad.

Estar en una situación de desempleo supone una oportunidad en la que si gestionamos bien este cambio, podemos obtener un resultado satisfactorio desde el punto de vista de la motivación y la autorrealización, pero no podemos negar una realidad que como tal es imprescindible palpar y empaparnos de ella: los sentimientos que se producen a lo largo de esta situación.

Cuando entramos en una situación de desempleo, de pérdida de trabajo, en muchas ocasiones pasamos por una situación de duelo, de sentimiento de pérdida de todo lo que va asociado a ese puesto, los compañeros, el sitio físico, las tareas, la relación con los proveedores, con las empresas externas, etc., se produce una ruptura de nuestra rutina, de nuestro día a día. Los sentimientos más frecuentes son la tristeza, el temor, la vergüenza o el fracaso. Por eso es fundamental como siempre y más en estas ocasiones, que atiendas a tus emociones, están ahí para algo, para darte un mensaje, escúchalas, es el primer paso para poder avanzar.

Es muy importante que a continuación observes y te centres en las experiencias positivas de tu último trabajo, bien en lo que has aprendido, en la relación con tus compañeros, en las ideas que has aportado y así de esta forma vas a ir equilibrando tus emociones y teniendo una idea más objetiva de tu último trabajo.

Este tránsito, como señalaba, constituye una oportunidad, piensa qué trabajo te gustaría desempeñar en un futuro próximo, en qué tipo de compañía, haciendo qué. Es posible que necesites formación, pues bien, ahora es el momento de hacer un curso que te ayude a impulsar tu carrera profesional y continuar con la búsqueda de empleo.

Es importante que te marques una rutina, buscar empleo es un trabajo en si mismo, dedícale el tiempo necesario y aprovecha para potenciar tu marca personal. Redactar un buen CV y el adecuado manejo de las redes sociales como por ejemplo LinkedIn, constituyen una buena herramienta para buscar empleo y destacar todo aquello que sabes hacer y tus puntos fuertes y también para que las Empresas lleguen hasta tu perfil.

En este paso analiza las tareas que has hecho, en qué área y piensa en aquello que te diferencia del resto. Observa qué sabes hacer mejor, cuenta algún logro que hayas tenido, algo en lo que la persona encargada de cubrir el puesto vacante se pueda fijar y le puedas dar una clave para que te incluyan en el proceso de selección y piensen en ti como el candidato idóneo.

Una buena actitud y motivación son imprescindibles. La confianza y seguridad en ti mismo te van a ayudar en la tarea de búsqueda y a transmitir en el momento de la entrevista tu potencial.

A menudo me encuentro con personas muy válidas, que saben hacer muchas tareas y con muchas destrezas dentro de su área profesional, pero que se encuentran perdidas y que afirman que no son aptas para los puestos de trabajo que les gustaría desempeñar, por eso insisto en la importancia de analizar todas las tareas que sabemos hacer, anotarlas en un papel e incluso subdividir esas tareas en sus componentes más elementales, ya que nos van a dar la clave de cuáles son nuestros puntos fuertes y también los débiles, tan importantes como los primeros y que pueden suponer la palanca de cambio que nos impulse a avanzar en esas áreas en las que tenemos más carencias a través de formación como indicábamos mientras buscamos empleo.

Potencia tus competencias y habilidades para el puesto de trabajo. Piensa en cuáles son las más demandadas en la mayoría de las empresas, este es un paso fundamental. Por ejemplo algunas de ellas son la inteligencia social o la capacidad para relacionarse con los demás, analizando las emociones es clave para establecer relaciones de confianza, la adaptabilidad para permanecer en entornos cambiantes y asumir nuevos retos, tareas. La flexibilidad o capacidad para cambiar el comportamiento en función de las demandas, la iniciativa y visión de oportunidades, atención al cliente, dar respuestas controladas ante situaciones que implican carga de trabajo y así desarrollar la resistencia al estrés. 

Piensa en positivo porque ello supone que vas a ver las oportunidades que se encuentran ante esta situación de incertidumbre. Potencia tu perfil y proyecta a futuro la visualización de aquello en lo que te quieres convertir, recuerda que somos lo que pensamos ya que toda acción viene precedida de un pensamiento y aquello que hacemos nos define en gran medida por lo que somos. El futuro es tuyo. Adelante.

 

Fuente: Fernando Álvarez