Una de las cuestiones más difíciles de decidir cuándo te pones por tu cuenta es ¿cuánto voy a cobrar por mi trabajo? ¿Cuánto valgo yo como profesional?

 

Todo en la vida lleva un proceso de aprendizaje, y esta cuestión no es diferente. Aunque te dejes aconsejar por profesionales que lleven más tiempo haciendo lo que tú quieres hacer, hasta que no tengas la oportunidad real de saber la proporción entre esfuerzo y resultado, no vas a aprender.

Hablar de comienzos es relativo porque no sólo me refiero a los momentos en los que te sientas a definir tu proyecto, o te pones con la plantilla del Canvas delante. Los comienzos puede ser todo el tiempo que va desde que te das el pistoletazo de salida, hasta que todo lo que has sembrado durante meses, meses y  meses empieza a dar sus frutos.

Es lógico que durante ese periodo de tiempo hayas llamado a muchas puertas y hayas hecho muchos presupuestos y propuestas de tu actividad con un solo objetivo: que te dieran una oportunidad. Ese objetivo por supuesto tiene más peso seguramente que el segundo objetivo: que te paguen por tu trabajo, incluso haya un tercer objetivo que es, que además de que te paguen por tu trabajo…te compense (aunque no lo sepas aún, este es el objetivo final.)

Así que ahí estás tú, invirtiendo tiempo y esfuerzo en hacer propuestas interesantes y modificando unas 5 veces el total  de tu precio/ hora mientras piensas “seguro que voy muy cara, no me lo van a aceptar” y borras. “Esto parece un presupuesto low cost, y yo no quiero dar esa imagen” y vuelves a borrar. “Pero tal vez me compense ir a precio bajo para asegurarme que me acepten la propuesta y empezar por algún sitio…” y borras otra vez, “como estoy empezando es lógico que pida menos…”y así hasta una media de 5 cambios.

Eres una máquina de presupuestar y un comercial excelente de tu proyecto y tu propuesta de valor. Pero  todo lo que tienes son estimaciones de lo que pueden ser gastos vs beneficios, esfuerzo vs resultados y si es un intangible como es mi caso, no tienes referencias con las que comparar. Pero no te agobies todavía que esto es parte del proceso de aprendizaje.

Y de repente ahí llega, tu primer presupuesto aceptado y tu primera oportunidad.

Después de recuperarte de la emoción y de los cuatro saltos que has dado, te pones manos a la obra.

Aquí viene la primera lección de vida: Por mucho que te creas que dominas una materia, por mucho que te creas capaz…tu necesidad de hacer un trabajo extra profesional, tu vena perfeccionista y tu “yo” autoexigente, te harán invertir un montón de tiempo en documentarte, buscar contenidos originales y diferentes, buscar apoyos visuales.

Segunda lección de vida: Qué clase de profesional quieres ser tú. Conformista, puntilloso, perfeccionista, y no hablo de la imagen que des, sino de la imagen que quieres tener de ti mismo profesionalmente. ¿Crees que puedes salir del paso improvisando? Te importa más la cantidad o la calidad… Ser profesional en tu sector cualquiera que sea  lleva mucho pero que mucho tiempo y eso también cuesta.

Cuando te den las 2 de la madrugada preparando contenidos, ahí es cuando puedes empezar a agobiarte. Cuando se te venga a la memoria lo que pagaste al técnico de la nevera por media hora de trabajo, puedes empezar a agobiarte.  Una emoción negativa va ganando terreno a esa ilusión que sentías hace unos días por haber conseguido tu primera oportunidad. Esa emoción es una mezcla de pensar que has regalado tu tiempo, un poco de enfado contigo mism@ por no valorarte más, y una pizca de desánimo por la incertidumbre de saber si esto te va a pasar siempre que te acepten una propuesta. Y esa emoción hace que algo que te entusiasmaba te provoque desidia.

Aquí viene la tercera lección de vida: por mucho que te apasione lo que haces, todo conlleva un esfuerzo y si no hay una justa retribución económica o de otro tipo, deja de apasionarte.

Que tiene esto de positivo, pues que ahora ya sabes cuánto vale tu trabajo. Vas a poder decidir sin ningún tipo de duda cuánto es el precio mínimo por el que estás dispuesto a trabajar y poder dar las razones reales del precio de tu profesionalidad.

¿Por qué? Porque yo lo valgo…y tú también.

Fuente: Raquel Acón