El que más el que menos, todos hemos tenido que afrontar una entrevista de trabajo y nos hemos visto solos y desamparados en una salita a la espera de que pronuncien nuestro nombre

Escribo este post pensando en un amigo que me contó su pésima experiencia en su última entrevista. Resulta que después de horas de revistar ofertas de empleo, rellenar campos obligatorios y cuestionarios interminables recibió una llamada de medio minuto de duración en la que le detallaban la hora y el lugar en el que debería presentarse para ser entrevistado.

 

Primer error, ya que aprovechando para hacer un par de killer questions en la llamada, podemos conocer mejor al candidato y saber si se ajusta a nuestra oferta o no. Ahorra tiempo al reclutador y al candidato. Todos tenemos cosas importantes que hacer.

 

Llegado el día y con toda la ilusión del mundo, mi amigo se presenta en la empresa y resulta que hay otros cuatro candidatos. Cuatro, sí. Lo primero que me comentó este buen amigo mío, es que casi se marcha sin ni siquiera decir adiós, pero como el mercado laboral no está para tirar cohetes, no tuvo más remedio que aguantar.

 

Tal y como se había imaginado, los minutos pasaban y los candidatos iban llegando. “Qué mala organización, que poco les importa mi tiempo y que poco les importamos todos los que estamos aquí”. La cabeza de mi amigo echaba humo y con razón, ahí sentado en un espacio con un diseño moderno que rozaba lo estéril y que recuerda más a la consulta del dentista que a la recepción de una gran empresa con la que soñamos lanzar nuestra carrera laboral.

 

Segundo error. Aun en el caso de que no realicemos un primer filtro en la web o por teléfono, debemos calcular el tiempo que necesitamos para conocer al candidato y citar al siguiente con un margen que incluya imprevistos y pequeñas anotaciones cuando se marche el entrevistado. Tener esperando a tus candidatos es una falta de respeto; mi amigo comentaba a broma que no sabía si el entrevistador estaba viendo por primera vez su currículo, si simplemente se ha olvidado de él o que incluso llegó a pensar que era una prueba y se lo imaginaba espiando tras un agujero su lenguaje corporal al más puro estilo de las películas policiacas.

 

También me comentaba lo que se aburría al no disponer de ningún recurso en la sala con el que afrontar la espera. “No quería abusar del móvil y tampoco había ninguna revista, cuadro medianamente interesante o un triste folleto, en cualquier momento llegaría otro candidato, subirían el hilo musical y nos pondríamos a jugar al juego de las sillas a ver quién tiene la suerte de quedarse sentado al terminar la canción”. Cuando mi amigo lo satirizaba de esa manera, no tuve más remedio que reírme, pero realmente es una falta de employer branding abrumadora.

 

Ya vamos por el tercer error. La sala de espera, se convierte en un espacio de interacción entre la empresa y el candidato, donde es la empresa la que tiene apostar y cuidar su imagen en lo que a priori podría tratarse de un “no lugar” postulado por el antropólogo francés Marc Augé. Es frecuente que muchas empresas consideren la sala de espera como un lugar de tránsito vacío de contenido, cuando debería entenderse como un escaparate en el cuál mostrar con orgullo la trayectoria e historia de la empresa con testimonios o fotos de empleados, sus productos y las necesidades que cubren o su filosofía y lo que significa trabajar en el negocio.

 

Si exigimos que un candidato redacte un currículo atractivo de leer, se informe del puesto, estudie la trayectoria de la empresa, sea puntual, vista bien, etc,  es igual de exigible cuidar la presentación de nuestra empresa: los detalles de nuestra web, a la hora de publicar una oferta de empleo, en el momento de citar al candidato, prestar atención a su experiencia mientras espera a ser entrevistado, durante la entrevista y después de la misma, enviando un mail lo más rápido posible informando de su situación en el proceso sea o no el elegido.

 

Abandonando este posicionamiento la empresa deja pasar una oportunidad de destacar frente a sus competidores y al no cuidar bien a un candidato y a un posible futuro trabajador de la empresa, transmite falta de seriedad, incluso puede dar a entender las relaciones interpersonales que existen dentro de ella.

 

Por suerte, detalles como amoldar una sala de espera a la filosofía de una empresa, enviar un correo de agradecimiento por el interés puesto en la candidatura o cuidar la página web, actualizándola periódicamente, creando un espacio de comunicación entre el cliente, el candidato y la empresa… son cuidados cada vez más por las empresas, pero me sorprende que se sigan produciendo estas escenas en entornos aparentemente profesionales. 

 

Fuente Nieves Pérez