"Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores" 

 

Esta frase de Marco Tulio Cicerón, jurista, político y filósofo que vivió en 106 a.C. hasta 43 a.C resume la forma en que deben actuar los líderes para conseguir que sus subordinados o su equipo trabajen de forma entusiasta en pro de un objetivo común.

El liderazgo define la capacidad de influir sobre las personas. Es una función que ocupa una persona que la distingue del resto en que es capaz de tomar las decisiones acertadas para todo el grupo, equipo u organización que lidera, inspirando al resto de los que participan para alcanzar una meta común.

Si trasladamos esto a la vida real, en la mayoría de los casos la persona que lidera y que se llama líder, habitualmente es nuestro jefe/a y la forma en que lo hace es clave para el bienestar y felicidad de las personas que forman parte de la organización.

Si hago memoria sobre mi propia experiencia laboral personal, tres de las empresas para las que he trabajado tenían un tipo de liderazgo autoritario. Era el tipo de líder-jefe que ordena y manda y espera que todo el mundo le obedezca sin cuestionar ni un punto ni una coma de sus órdenes.

Toma todas las decisiones, dirige, controla y motiva a sus empleados. Todo se centra en el líder. No deja ningún espacio para la autonomía ni para la organización o planificación individual de tareas. Asigna a cada persona sus funciones y el tiempo previsto para su realización. No hay lugar para interrupciones, ni para fallos.

De hecho, considera que es la única persona que conoce todo el proceso de funcionamiento de la organización y la única capacitada para decidir ya que los trabajadores no son saben guiarse por sí mismos y necesitan que alguien lo haga por ellos. Consigue obediencia con control y mano dura.

 

Algunas de las características de este tipo de jefe son:

  • Su forma de trabajar se basa en ordenar e imponer todo. La comunicación se hace difícil ya que el jefe no nos informa ni cree que deba hacerlo. A menudo pide opiniones y después las rechaza si no son acordes a la suya propia.
  • La flexibilidad no existe, y las condiciones de trabajo son totalmente rígidas, en  cuanto a horarios, permisos, salidas etc.  A menudo las vacaciones se imponen de forma unilateral.
  • La desconfianza es total hacia las capacidades de los demás por lo que la  vigilancia es la forma de controlar. Supervisan cada tarea y cuando hay equivocaciones no buscan soluciones solo culpables.
  • Pueden llegar a gritar o tener un tono fuerte. No respetan la intimidad ni saben hablar con buenas formas ni respeto. Su estrategia es inspirar miedo o terror para conseguir sus fines.
  • Toman todas las decisiones, no delegan ninguna responsabilidad y es absolutamente imprescindible su presencia para el normal funcionamiento de la empresa.

Aunque a corto plazo, su forma de liderar funciona pues consigue lo que quiere y los trabajadores hacen su trabajo de forma eficiente, estos no se sienten valorados, al no poder aportar nada.

Esta situación no fomenta la participación ni la creatividad, esa competencia tan necesaria hoy en día para afrontar las miles de situaciones nuevas que se dan en el cambiante y competitivo entorno económico en que nos movemos.

Requiere una supervisión constante y una comprobación de que todo va bien, por lo que al tener una relación tan dependiente en cuanto surge algún imprevisto y esa persona no puede estar los empleados se ven perdidos y todo lo construido puede fallar.

Esa forma de llevar a las personas puede funcionar bien para salir a flote en situaciones estresantes, en la toma de decisiones rápidas o bajo mucha presión pero no es lo ideal para el día a día.

Suele ocurrir que cuando los trabajadores se ven así tratados pueden tener más ausencias en el trabajo y accidentes laborales, y algunos de ellos, normalmente los mejores, terminan marchándose de la empresa. La rotación de personal es muy alta en este tipo de empresas con lo que eso perjudica a las personas que en ella permanecen.

Las cosas pueden funcionar bien, quizás funcionan sobre lo previsto, pero podrían ir mucho mejor y sobretodo los resultados son siempre a corto plazo ya que a medio y largo plazo la empresa no crecerá todo lo que podría si las personas que forman parte de ella se implicaran al 100% en conseguir mejores rendimientos y productividad.

Todos buscamos la manera de sentirnos realizados en nuestro trabajo, aportando todos nuestros conocimientos y capacidades para el éxito en nuestro desempeño profesional pero cuando tenemos un jefe que nos limita en todo, el talento se esconde porque es el miedo el que lo asusta. Decir y hacer lo justo es la mejor opción.

Cuando trabajas con esta presión, la motivación brilla cada día por su ausencia, te sientes infravalorado y no tienes un para qué que te impulse a conseguir algo más. A medio plazo la gente intentará buscar otro puesto de trabajo en que se sienta más feliz que es lo que todos buscamos.

Seguro que a muchos de vosotros os ha tocado vivir más de una situación parecida a ésta y os habéis sentido encerrados, desmotivados y empujados a salir de ese horrible clima laboral.

Lo peor de todo es que ellos ni siquiera se dan cuenta de cuanto mejoraría su gestión, sus resultados y el futuro de su empresa si trataran mejor a su gente.

Porque al fin y al cabo las personas son el recurso más importante de una empresa y cuidarlas siempre es la mejor inversión.

 

 

Fuente: Cristina Sanz